El asado chileno es un evento largo y con muchas etapas, y el vino ideal cambia con cada una. La espera —con longanizas, prietas y choripán— pide algo fresco y rústico: un País frío, un Cinsault o un rosado. Cuando salen los cortes nobles, entran los tintos con estructura: Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah y Carmenère.
Consejo de anfitrión experto: calcula media botella por persona como base, sirve los tintos ligeramente frescos (no calientes de cocina) y ten siempre una opción fresca para quien no quiere tinto pesado al sol.