La terraza es territorio de los vinos fríos y frescos: rosado seco, Sauvignon Blanc, espumante, Pinot Grigio y blancos aromáticos. La lógica es simple: con calor, el cuerpo pide frescura, y un tinto pesado servido caliente es la receta del sueño y el dolor de cabeza.

Si alguien insiste en tinto, la solución existe: un tinto ligero (Pinot Noir, Cinsault, País) servido a 12–14 °C funciona perfectamente al aire libre.