Regalar vino tiene una regla de oro: importa más acertar con el perfil de la persona que gastar más. Antes de comprar, responde tres preguntas: ¿toma tinto o blanco?, ¿prefiere suave o intenso?, ¿la ocasión es formal o relajada?
Si no sabes nada de la persona, las apuestas seguras son: un Cabernet Sauvignon de buena categoría (el clásico que nunca ofende), un espumante Brut (celebración incorporada) o un Carmenère de gama media-alta (identidad chilena con historia que contar). Si la persona recién empieza con el vino, busca fruta y suavidad: Merlot, Pinot Noir o un blanco aromático.
Y un detalle que vale oro: incluye una tarjeta diciendo con qué comida brilla esa botella. Convierte un regalo genérico en uno memorable.