El picnic tiene reglas propias: el vino viaja, el frío se pierde y las copas de cristal no existen. Las mejores opciones son las que se sirven frías y perdonan: rosado seco, Sauvignon Blanc, espumante, y entre los tintos, un Gamay o un Cinsault que se toman frescos.

Trucos prácticos: congela media botella de agua la noche antes y úsala de hielo en la bolsa; prefiere tapa rosca (no necesitas destapador); y si el plan es informal, un vaso de acero o loza cumple perfectamente —el vino no se ofende.