La mesa navideña chilena es diversa —pavo, cerdo, ensaladas, pan de pascua— y no hay un solo vino que la cubra. La estrategia ganadora es la versatilidad: un espumante Brut para el brindis y los aperitivos, un Chardonnay o Pinot Noir para los platos principales, y algo dulce para el final.
Como en Chile la Navidad cae en verano, no subestimes el factor temperatura: sirve todo más frío de lo habitual y ten hielera a mano.