La cena formal —trabajo, suegros, aniversario elegante— tiene una ansiedad particular: no siempre conoces el menú. La estrategia profesional es elegir vinos de máxima versatilidad: un espumante Brut para empezar, un Chardonnay elegante o un Pinot Noir para la comida. Si sabes que habrá carne roja, un Cabernet Sauvignon de buena categoría es la apuesta clásica que no falla.

Y el consejo que vale más que cualquier botella: la temperatura y el servicio importan tanto como la etiqueta. Un vino correcto bien servido impresiona más que un gran vino servido caliente.