Hay vinos de comida y vinos de conversación. Para una noche larga de sobremesa sin plato de por medio, busca tintos amables que no pesen: Merlot, Pinot Noir, Garnacha o un Carmenère suave. Si la noche es más contemplativa —lluvia, chimenea, manta— un Cabernet con algo de edad o un Syrah especiado hacen compañía de otro nivel.
La clave práctica: sin comida, los tintos muy tánicos se sienten más duros. La suavidad es tu amiga cuando la conversación es el plato principal.