En una cita el vino tiene un trabajo delicado: acompañar sin robarse la película. La regla general es buscar algo interesante pero no excesivamente pesado, y versátil si no conoces el menú.

La respuesta clásica es el Pinot Noir: elegante, ligero y capaz de acompañar desde un salmón hasta un pollo o un risotto. Si la cita es de día o con calor, un rosado seco o un espumante Brut son opciones con el mismo nivel de acierto y una vibra más relajada. ¿Cena formal? Un Chardonnay elegante o un tinto de perfil suave.

Lo que conviene evitar: tintos muy tánicos y alcohólicos (pueden resultar pesados para conversar) y experimentos raros con alguien que recién estás conociendo. La audacia déjala para la tercera cita.