En el restaurante, el garzón abre la botella y te entrega el corcho. La mayoría de la gente lo huele solemnemente sin saber qué busca. Aquí está la respuesta: busca el defecto, no el perfume.

Qué puede decirte el corcho

Un corcho sano huele a corcho, a madera, a nada en particular. Un corcho contaminado con TCA huele a cartón mojado, sótano húmedo o paño viejo —y si el corcho huele así, el vino probablemente está "encorchado". También puedes mirar: si el vino trepó por el costado del corcho hasta arriba, puede haber habido problemas de sellado (aunque no siempre significa vino malo).

Pero la verdad incómoda

El corcho miente más de lo que confiesa: hay vinos encorchados cuyo corcho huele normal y viceversa. La prueba definitiva siempre está en la copa. Por eso el garzón te sirve un poco para probar: ese es el verdadero examen. Huele el vino: si huele a fruta y a vino, está bien; si huele a cartón húmedo, di tranquilo "creo que está encorchado" —es un reclamo legítimo y el restaurante debe cambiar la botella sin discusión.

Así que la próxima vez: corcho en mano, mirada experta, media sonrisa... y la nariz donde corresponde: en la copa.