La botella de 750 ml es tan universal que nadie la cuestiona, pero su origen es una mezcla de historia, comercio y física de vidriero. La teoría más citada: en el siglo XIX, los sopladores de vidrio producían de un soplo botellas de ese tamaño —era lo que daba la capacidad pulmonar promedio del artesano. Otra explicación apunta al comercio entre Francia e Inglaterra: 750 ml × 6 botellas = 4,5 litros, cifra que cuadraba con los galones imperiales para el transporte en barricas.
Los hermanos mayores y menores
El mundo de los formatos tiene nombres de reyes bíblicos (en serio): Media botella: 375 ml, perfecta para uno o dos. Magnum: 1,5 litros, dos botellas en una —y dato útil: el vino evoluciona mejor y más lento en Magnum, por eso es el formato favorito de los coleccionistas y de las fiestas. Jeroboam: 3 litros. Matusalén: 6 litros. Y sigue subiendo hasta el Midas de 30 litros, que existe más para Instagram que para beber.
Regla práctica: ¿celebración de muchos? Magnum: más presencia, mejor guarda y la mitad de corchos por persona. ¿Cena para uno? Media botella: el vino abierto no espera a nadie.

