Servir el vino demasiado frío es una forma muy efectiva de esconderlo; servirlo demasiado caliente hace que el alcohol tome el control. La temperatura no es una regla de etiqueta: es una herramienta para que el vino se muestre como fue pensado.
Un mapa sencillo para no equivocarse
Los blancos ligeros, rosados y espumantes agradecen más frío; los blancos con cuerpo y tintos ligeros necesitan un punto intermedio. Los tintos con estructura se expresan mejor frescos que a temperatura ambiente de una casa calefaccionada. La clave es enfriar de menos y corregir en la copa.
El refrigerador es útil, pero no todos los vinos necesitan pasar horas dentro. Una botella de blanco suele estar lista después de un par de horas; un tinto ligero puede necesitar apenas veinte minutos. Si el vino se apagó por frío, espera diez minutos y vuelve a probar.
En caso de duda, sirve el vino un poco más fresco: la copa sube de temperatura rápido, pero enfriarla en la mesa es mucho más difícil.

